Sí, todos deberíamos ser feministas

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We should all be feminists. Este es el lema de la nueva camiseta con la que la marca Dior ha puesto el feminismo de moda, literal y figuradamente. La diseñadora ha explicado que el lema lo tomó prestado del título de una charla TED que dio la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Achidie en 2013 y que posteriormente se convirtió en un pequeño ensayo cuyo contenido es, en mi opinión, sobresaliente y fundamental (de hecho Suecia decidió el año pasado que todos los jóvenes de 16 años recibirían un ejemplar gratuito).

Pero puede que algunos os preguntéis ¿porque todos deberíamos ser feministas?. Ciertamente, es más probable que la mayoría de gente se plantee esta cuestión en vez de ¿porque no deberíamos ser todos feministas?. Y es que muchísimas personas no saben qué es el feminismo y en todo caso de entrada tienden a considerarlo algo malo. Es aún más evidente si pones en el buscador de Google ser feminista, lo que aparece automáticamente es ser feminista es maloseguido de un ser feminista que significa.

La verdad es que el término feminismo ha sido -y sigue siendo muchas veces- mal definido y fácilmente malinterpretado. Cuantas veces habréis escuchado que feminismo es lo opuesto a machismo, es decir, que defiende que las mujeres son superiores a los hombres, que están por encima de ellos. Típico pero no por ello cierto, si buscamos en el diccionario, veremos que el homólogo del término machismo es hembrismo y no feminismo.

Así que, porque no mejor empezamos por aclarar qué es el feminismo, y así luego podemos debatir sobre él.

Aunque existen precedentes feministas antes del siglo XVIII, podemos establecer que como dice Amelia Valcárcel el feminismo es un hijo no querido de la Ilustración. La lucha por conseguir unos derechos mínimos durante la Revolución Francesa culmina con la elaboración de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Sin embargo, muchas mujeres ven como esta lucha no ha conseguido mejorar su situación (al no incluirse explícitamente sus derechos y libertades en la declaración sino únicamente los de los hombres). Por eso, en 1791, la filósofa política francesa Olympe de Gouges reclama a través de su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana dichos derechos para el género femenino.

A partir de entonces ya no hay vuelta atrás, se ha creado un movimiento de mujeres que se han hecho conscientes de que merecen el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que hasta entonces se creían reservados para los hombres. El punto de vista masculino ya no es el único válido, ni el hombre el baremo a partir del cual medir todas las cosas y entorno al cual deba girar todo lo demás.

El feminismo es una corriente de pensamiento político y social que lucha y defiende la misma libertad para las mujeres que para los hombres; que intenta garantizar una equidad real entre ambos géneros -hablo de equidad y no de igualdad-, que reconoce igual dignidad en un hombre que en una mujer; que alenta a las mujeres a tomar sus propias decisiones sin ser juzgadas al considerar la voluntad de ellas igual de importante que la de ellos. Por eso el feminismo es también una práctica social así como una ética y una forma de estar en el mundo.

No se trata de excluir a los hombres, todo lo contrario. Cuantos más hombres se unan al colectivo y a la lucha más rápido se producirá el cambio necesario en la sociedad que hará que no haya necesidad de luchar.

Para todos aquellos que os interese saber más sobre el feminismo me gustaría recomendaros Feminismo para principiantes de Nuria Varela, un libro que resulta muy accesible e idóneo para los que no conozcáis mucho sobre el tema.

Autora: Elisabet Roselló, abogada

Foto: El Pais